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La Coctelera

Casa de Asterión

Laberinto cultural de publicación imprecisa

Categoría: Poemas

Biografía

Autor: Joule Cáceres Angeles

Nací a los trece años. Enfermo y lejos de casa. Unos versos que hablaban de la nostalgia y la melancolía fueron mi aliento de vida. Ahora lejos del mar
tengo algo más de veinte años
creo en los sueños como una realidad certera
paso las noches entre el arrullo de una mujer que no veo
y un par de amigos, tal vez cercanos, Hernández y Oquendo.

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Corazón de trapo

Por: Daniel Maguiña Contreras

IV

A veces puedo ser mago. A veces vuelvo y a veces me voy, mantengo el equilibrio. Soy inmune, inestable, insoluble, indirecto, plúmbico, tutti fruti. Siento que estuve en ese lugar, que llegué de sorpresa como si todos ahí hubieran tenido el mismo deja vu, la misma revelación, la misma indiferente reminiscencia, el pacto sacrílego con los recuerdos agotados en otras vidas.
Tengo el corazón de trapo. Mi tiempo es un tiempo corrugado, un tiempo de trapo sucio. Tengo la memoria frágil, de serpentina; no puedo seguir recordando viéndome las líneas de las manos mutando diariamente. Cuéntame poco sobre ti. A veces vivía en una burbuja y en temporadas más cortas en silencios sin sentido, he cantado bajo para no causarte estragos en el viento. Cuéntame poco.

V

Tengo el corazón de fruna más idiota del planeta, los presagios de medianoche me persiguen hasta hacerme sentir inmune a los poderes de la luna y vulnerable al efecto del silencio. El abuelo no sabe de mi corazón, no sabe que es un dinosaurio de finales de siglo veinte. Él no sabe que padezco de agujeros negros y de impertinencia absoluta, de una patética susceptibilidad. Soy patético, para nada mago, las pociones se mezclaron en el asfalto que pisó su recuerdo.
Abuelo, yo sufro alegremente, sufro de comprender mis grandes felicidades; sufro porque así es más fácil entenderse a uno mismo, uno se inspira mejor así en un estado de éxtasis incomprensible. Me duele entretenerme conmigo mismo, ser una copia falsa de algo que alguna vez hubo aquí. Abuelo, quisiera hablarle en primera persona y recordar instante por instante el árbol genealógico de mis ancestros, quisiera saber por qué soy así de obstinado. Así tan yo, tan tú, tan nosotros.
Usa mi corazón de semáforo, de lugar para esconderte, de último lugar donde te esconderías, toma mi corazón sorpresivamente y vete corriendo, vete con él entre tus brazos como un niño idiota, mi corazón.
Cuéntame algo sobre el tuyo

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Vientre Extraño

Autor: Carlos Izquierdo

Acude a la cena-¿vendrás?
la acordada (por mi mente sellada)
familiar-cristiana;
sin padre
tú ¿madre? (lástima)
sólo tú…

No pudiste aguantar
/otro/-/otro/-/otro/
¡tú!; “madre”
Sólo tú…

Un balbuceo;
caigo en tu laurel
[/muerte/muerte/muerte/] (2da oportunidad)
Sólo tú…

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Primer recreo de profesor

Autor: Luis Eduardo Reyme
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Hay en las manos de treinta reyes árabes
mil historias que contar,
-y en el espejo tatuado del tiempo
el cansancio de Eduardo
que trepa la espalda del gran Atlas
y llora hasta en la esquina más extrema de su cuerpo
en donde ha crecido el poniente y la bandera del sol-.
Ha jugado en la ronda de la Vía Láctea
y ha clavado al recuerdo en una de las puertas de su casa.
De un puñado de alas
ha heredado el polvo que sumerge a los Emires más tristes de Arabia,
ha olvidado a su abuelo escandinavo en los márgenes del Rhin.
En conclusión,
ha conseguido trabajo
leído a Ungaretti
caminado despacio por el malecón.
La lluvia,
confusa y conflictiva
ha mostrado ser amigo de todos menos de Eduardo
que mientras yace en su pupitre sentado
pensando en el caballo de la muerte
o en la dama china del amor,
respira.

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Tema del día: el maldito hijo de puta salió a pasear

Autor: Gonzalo Casusol

Así es.
Cruzó la pista, la avenida, y revisó la hora.
Prendió la luz de su habitación y decidió partir
las nueces de un par de casas al despegar sintió una terrible punzada en el estómago cuando se percató de la naturaleza de aquél día.
Eh.
Pobre hijo de puta mal nacido que salea pasear, no sabe
que a la vuelta de la esquina lo espera un dolor angustiado
de un par de recuerdos en su haber.
Fuma y se ríe de la nada mientras los demás
por lo general, viejos hijos de puta también,
caen rendidos sobre la pista y el asfalto,
Mientras escuchan canciones de Fito Páez
como “Dar es dar” y “Al lado del camino”.
Pobre. No sabe de otra cosa que no sea risa y desilusión.
Risa y desilusión.
Eh.
Pobre. Cuando lo veo cruzar la pista y sonreírme con un guiño o una
especie de sonrisa retorcida en la cara,me dice
mismo 33.6 Faxmodem: nic nic nicnic, tuuuuuu, pirurí, ah ah ah,
no te quedes ahí parado,
hay un montón de gente afuera:
esperando entrar.
“No te quedes ahí parada, mi amor” dice el joven enamorado de dieciséis años, que le prometió a su chica el amor eterno y el aburrimiento de noches enteras de pasión y fiebre de sábado por la noche mientras se derriten mirando MTV por el televisor estratégicamente colocado frente a la cama.
Y así pasan los días, llenos de pálido sudor teórico
que arrellana en el vestíbulo de Gap,
alguna ciruela: pobre chico de dieciséis años que bordea el borde de las pequeñas bragas de su enamorada, mientras ven imágenes inconclusas por el televisor de su cuarto.
Ingenua chica de dieciséis años que no aprendió a decir que NO, tal como se lo enseñó su madre.
Y el hijo de puta desgraciado que ahora cruza la pista en sentido contrario
es alguien a quien deberían partirle la madre alguna vez, quizá yo -si no fuera un maldito hijo de puta desgraciado también- o quizá tú, o el heladero de la esquina.
El caso es que de pronto, el chico de bordeaba las bragas de su novia se cansó de ver MTV por el televisor de su cuarto, y le tuvo que explicar a su chica durante largos meses de extrema precaución, que él era un maldito hijo de puta desgraciado. Que quizá era el mismo hijo de puta desgraciado que fumaba marihuana en el parque. Siempre lo fue.
Eh.
Pobre.
Quizá conoció el infierno (una habitación cerrada por sus cuatro costados, una cama, y un televisor de 24 pulgadas prendido todo el tiempo) y tal vez era el mismo hijo-de-puta-desgraciado que estuvo esperando salir de allí.
**

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Lágrima neurótica

Autor: Enrique Soriano

A veces ya sólo sucedo
y lo sabe ella que vive
que no responde a mi saludo
no sabe que llegué
y Rulfo me está creando.

A veces una lágrima me persigue
tan perversamente que me hace correr
y dudar de las ventanas.
A veces aquella lágrima se me adelanta
y le dice a ella que no llegaré
que me fui, que Rulfo
decidió ya no inventarme.

A veces Rulfo llora
yo quedo entre vacilo
vivo o muerto, sucedido
y descanso de tanta lágrima que al final
sólo pretende devolverme algo que se me cayó
y Rulfo habla de repente
ella abre los ojos, las lágrimas huyen
ella me saluda y Rulfo no existe.
**

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Poemas de Lucas Lucatero

Luna llena

Yo quiero olvidarte pero aún es de noche. (Sentado puedo morir o morirte y escribo para ti sobre una dama que llora mientras invaden un reino donde columnas jónicas me caen y caballos árabes de piedra se rompen) Y no te olvido.
Yo quiero olvidarte pero existe el idioma y me duele la piel de tus palmas demasiado me duelen dos espaldas y te recuerdo.
Yo quiero olvidarte pero los caminos existen (y el martes: una taza de té sin azúcar -tú-, tus manos a las mías o a la mesa tu presencia axial de tez aurífera tu beso todavía mientras nos caen enredaderas de la tarde. Desapareciéndonos).
Tú.
Escondida en la oscura música que vigila nuestro miedo. Y a lánguido paso hacia lo no conocido como dejando a la muerte hallar los segundos que dejamos regados.
Yo quiero olvidarte pero en realidad eres tú quien se mira al espejo y en las calles me llaman por tu nombre. Yo soy tú de repente y no puedo. Las manos que me quedan hacen círculos constrictores paralluvias y mis pies a los árboles a las aguas de río la noche ciega (Te -palabras invertebradas- amo), sentado, escribe quien aún no muere.
Yo quiero olvidarte pero a veces no estoy para eso. Las cosas pasan cansan se tiran por el balcón se cortan las venas y la casa envejece, los escalones son más y por las ventanas ingresas con el ruido cíclico del país de Lima, universo unidimensional, cansada de ser.
Tú -en verdad yo mismo en la buhardilla de una casa de madera-, caminas cruzada de brazos subes escaleras -que ya recuerdo son catorce- te recoges el cabello y miras mientras yo determino que al final no quiero olvidarte porque llueve y en caballos de piedra huyen los que quedan.
Me acompañas: en una lágrima cabe la princesa que llora.

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Metáfora de un hombre que duerme

Autor: Joel Córdova
A Emerenciano Rojas (mi abuelo)

I

Un hombre sueña con el tiempo
entonces descubre
que ya no es la sucesión
de segundos y minutos
sólo es un instante eterno
un medio que limita a la historia.

Un hombre sueña con el espacio
y se entera de que ya no es el lugar
de animales y objetos existentes
sólo es un punto de referencia
de hechos del ayer y el mañana.

Un hombre sueña con la muerte
la saluda, conversa con ella
y entiende que su cara pálida
no refleja la tristeza de su oficio
simplemente la soledad de su existencia.

Un hombre sueña con el amor
(...silencio absoluto...)
es lo mismo morir
estar ahí
teoremas reducidos al absurdo.
-despierta-

A veces ese hombre sueña con ser yo
y a veces sueño ser ese hmbre
y a veces el tiempo, el espacio
la muerte (el amor)
son sólo palabras
palabras que pierden sentido
como cualquier cosa hecha por el hombre
como cualquier hombre.

Sin embargo
otro hombre sueña...
mañana es otro día.
Igual a ayer
igual a mañana.
Un Hombre intenta dejar de Dormir
No puede.

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