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La Coctelera

Casa de Asterión

Laberinto cultural de publicación imprecisa

Sopita y Panterita


Autor: Danilo Riveros Tolentino

...La medianoche de sus 92 años desenfundó su lengua de esa vieja cartuchera sin dientes y castigó al amor. Con la cabeza sepultada donde no llegan las sombras, lloró con un niño, abrazado a esas dos maderos pulidos, curvados, vaporosos...

“Paloma” de los viernes, estudiante de secretariado, camuflaje para escapar de los serenos que se lo hacían sin contratiempos en el camión de capturas. Había convertido su cuerpo en una escultura, negada al frío y al calor, a salvo del retortijones del placer. Un cuerpo de madera, de metal, de cartón o de carbón, una negra esculpida a punta de lengüetazos.

Fueron dos pastillas de 100 miligramos, y su animal jubilado no despertó, pero su lengua se zamarreaba como pez que se asfixia.

Saquito rojo mini negra, maletín y lonchera, cinco soles en la cartera y 17 años a cuestas; quiso estudiar la tarde que se hizo puta. La esperanza de una familia de forajidos de Breña... Ay Martha, Margot, Paloma, negada al placer como quien hace dieta. Mi cuerpo no está hecho de metal, de metal, de metal (un grito y otro, y otro y otro)...

Prostatitis, cálculos, incontinencia, artrosis, sordera y un aliento a herida supurante, pero ese cuerpo de víbora que atacaba desde sus encías desdentadas, era obra del demonio. Soy obra del demonio. Eres obra del demonio, papi, (un grito, y otro y otro y otro).

Esa faldita negra, naciste pendeja, esa blusita, la tetas, el culo, naciste pendeja. Estudiante de secretariado, qué rica fantasía, tan inocente, con tus pilimilis en la cabeza, qué rica colita, calzoncito de ositos... Si no te hubieran tomado a la fuerza, no tendrías el corazón duro como el carbón.

Mi ceviche, mis conchitas, mi leche de tigre, mi caldito de choros, mi negrita, Paloma, Paloma, Paloma (un grito y otro y otro y otro)

Reclutada por la “Sirenitas”, a 3 soles por baile y 2 por trago. 30 soles para la casa. Qué ejemplo, estudiante de secretariado y anfitriona de casino, para justificar las madrugadas. “Trabajo y estudio mamá”. Qué ejemplo Martha, Margot, Paloma. Qué ejemplo mami, de rodillas a las 2 de la madrugada empuñando tu vergüenza, ahogándote, tosiendo, lamiendo el humo de tu carne de carbón, mi Panterita.

Grita, lo jala, lo empuja, se retuerce, le aprieta la pelada. El no desentierra la cabeza, piensa en su licuado de ranas, “¿Le sirvo otra más don “Sopita”?” 92 años carajo. Qué rico papi, y no finge Paloma. Una lágrima, y otra y otra y otra. Mi cuerpo no está hecho de metal, ni de cartón ni de madera... Qué rico papi (suena la música lejos).

Como en neblinas veías la noche que te vejaron, cara y sello, como dice la Susy Díaz, todo te hicieron, por eso te hiciste de madera, de metal, de cartón y de carbón, ¿no negra? Por eso te gustaba tanto esa canción. Por eso la bailabas con tanta tristeza, con tu cuerpo de luto, abrazada a la barra, con ese culo tan redondo, ¡la mejor estriptisera de la Sirenitas carajo!.

Cesan los gritos, se ahoga Paloma, solloza Sopita. Lloran, tiemblan, se abrazan, se entrepiernan, se protegen, ella briosa como un corcel y él con el cuerpo hecho costras. (suena la música lejos)...

Después te emborrachabas y lo hacías gratis en el oscurito, por eso te botaron de la Sirenitas y volviste a las calles, con tu mini negra y el saquito rojo, estudiante de secretariado, ja ja ja, pobre puta, te correteaban los serenos, te lo hacían de pie, te quitaban tu plata, te reventaban a golpes los abusivos.

Pero ya pasó, shushushu, golpecito en la cabeza, shushushu (despacito) ya pasó, ya pasó, shushushu, susurra Sopita con su aliento gangrenado.

Despierta, se levanta, deja su vaso, empuña las manos a la altura de la panza, rechinan sus rodillas, la acaricia con su miopía, Paloma abraza la barra (mi cuerpo no está hecho de metal, mi cuerpo no está hecho de madera), se clavan las miradas, ella le baila, él la adora; la afición, mil ojos lilas en las penumbras, entre el humo y el jugo de olores, ya advirtió el romance, aplauden, aúllan, celebran con cerveza la estocada de don Sopita, que tal lengua de este viejo venenoso, que buen verso trae su “sin hueso”.

92 años carajo, le surca una lagrima, y otra y otra, le piden que se siente, se resiste, rechinan sus rodillas, baila Sopita; siéntate viejo de mierda, los mozos lo toman del pescuezo, 92 años carajo, y me vengo a enamorar de un puta, puta, puta, putaaaaaaaaaaaa tu mare. Lo lanzan a la calle. ¿Es el fin? Vuelve la cara, está lloviznando, se sacude el barro, se incorpora y como en una novela de Kafka dobla la esquina.

Ay Margot, Martha, Paloma, cubres tu desnudes con tus dedos de chocolate, has corrido a ponerte la ropa, la sangre ha llenado nuevamente el pozo seco de tu corazón de carbón, y se rebalsa, abrazas el pañuelo de tu cintura, corres tras el viejo Sopita, que te lamió con una ternura que desgastó el cascarón de metal que te recubría, Corre Panterita, corre por el viejo fantasma que acaso nunca volverás a ver.

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