Autor: Gonzalo Casusol
Así es.
Cruzó la pista, la avenida, y revisó la hora.
Prendió la luz de su habitación y decidió partir
las nueces de un par de casas al despegar sintió una terrible punzada en el estómago cuando se percató de la naturaleza de aquél día.
Eh.
Pobre hijo de puta mal nacido que salea pasear, no sabe
que a la vuelta de la esquina lo espera un dolor angustiado
de un par de recuerdos en su haber.
Fuma y se ríe de la nada mientras los demás
por lo general, viejos hijos de puta también,
caen rendidos sobre la pista y el asfalto,
Mientras escuchan canciones de Fito Páez
como “Dar es dar” y “Al lado del camino”.
Pobre. No sabe de otra cosa que no sea risa y desilusión.
Risa y desilusión.
Eh.
Pobre. Cuando lo veo cruzar la pista y sonreírme con un guiño o una
especie de sonrisa retorcida en la cara,me dice
mismo 33.6 Faxmodem: nic nic nicnic, tuuuuuu, pirurí, ah ah ah,
no te quedes ahí parado,
hay un montón de gente afuera:
esperando entrar.
“No te quedes ahí parada, mi amor” dice el joven enamorado de dieciséis años, que le prometió a su chica el amor eterno y el aburrimiento de noches enteras de pasión y fiebre de sábado por la noche mientras se derriten mirando MTV por el televisor estratégicamente colocado frente a la cama.
Y así pasan los días, llenos de pálido sudor teórico
que arrellana en el vestíbulo de Gap,
alguna ciruela: pobre chico de dieciséis años que bordea el borde de las pequeñas bragas de su enamorada, mientras ven imágenes inconclusas por el televisor de su cuarto.
Ingenua chica de dieciséis años que no aprendió a decir que NO, tal como se lo enseñó su madre.
Y el hijo de puta desgraciado que ahora cruza la pista en sentido contrario
es alguien a quien deberían partirle la madre alguna vez, quizá yo -si no fuera un maldito hijo de puta desgraciado también- o quizá tú, o el heladero de la esquina.
El caso es que de pronto, el chico de bordeaba las bragas de su novia se cansó de ver MTV por el televisor de su cuarto, y le tuvo que explicar a su chica durante largos meses de extrema precaución, que él era un maldito hijo de puta desgraciado. Que quizá era el mismo hijo de puta desgraciado que fumaba marihuana en el parque. Siempre lo fue.
Eh.
Pobre.
Quizá conoció el infierno (una habitación cerrada por sus cuatro costados, una cama, y un televisor de 24 pulgadas prendido todo el tiempo) y tal vez era el mismo hijo-de-puta-desgraciado que estuvo esperando salir de allí.
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Si es que el mundo esta lleno de hijos de putaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!