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Casa de Asterión

Laberinto cultural de publicación imprecisa

Yo conocí a Almodóvar

Testimonio delirante de un ser común y corriente
Autor: Ronald Santos

Sucedió hace dos años en el Aeropuerto de Lima. Yo esperaba de pie a unos amigos que llegaban de Chile y de repente, entre tanta gente que llevaba pizarras con nombres raros, -a dos metros de distancia- caminaba un Pedro Almodóvar (sí el “Manchebo” por mi lado) algo despistado. Me acerqué casi instintivamente y de forma inesperada me habló. “¿Dónde están los baños?”, me dijo y le respondí más instintivamente: “Por allá”, señalándole un letrero grande donde decía “SS.HH.” y el ícono de un hombre y una mujer. Me dio una palmadita en el hombro, “Gracias chaval”, y fue a hacer las necesidades que todo el mundo, hasta un director como Pedro Almodóvar, hace.
De ahí olvidé muchas cosas y recordé otras. Por ejemplo, olvidé decirle que me encantaba el cine que desarrollaba, que en el Perú es bien difícil encontrar películas suyas y que es un maestro. Luego olvidé que sólo había visto una película suya (“Todo sobre mi madre”) y lo que más me había impresionado, aparte de la historia y la dirección de los actores (Cecilia Roth está formidable), fue el manejo de los personajes no heterosexuales, en este caso “La agrado”, un transexual interpretado por (…) y “Lola” el ex esposo de Cecilia Roth, que es una mezcla entre travestido y transexual (no se explica en la película) interpretado por (…).
Estos dos personajes son los que me sacaron de cuadro. Dos personajes que yo nunca antes había visto. Tan naturales, sin depravaciones o carga sexual aberrante, amigos, padres, divertidos, lo que me lleva a resumir todo en una palabra: Humanos. Y ahí radica la importancia de Pedro Almodóvar (él es importante en todos los sentidos) o en todo caso, esto debería ser una parte muy importante que se tiene que rescatar de cada película suya: el sentido social, la carga de valores y todas esas cosas que nos dicen siempre, pero que Almodóvar lo hace con formas geniales.
En el Perú estamos cargados de películas de Hollywood y algunas de Europa o manufactura parecida a la de Hollywood. Hace una semana fui al cine a ver una película del chino Wok kar - Wai, “Con animo de amar”, y sucedió algo bien duro -al menos para mí-. A pesar de las constantes reseñas en los periódicos, revistas (especializadas y no), ese día asistieron a la sala no más de diez personas, pese a que puede ser la mejor película del año que haya llegado al Perú (en el género Drama, aunque casi llega a melodrama).
Volviendo a Almodóvar, puedo decir que la calidad para demostrarnos personajes tan cercanos (claro que Almodóvar hace cine de autor y esa es una ventaja, porque realiza las películas que quiere y no las que se le imponen, además es el co-guionista de todas sus películas) nos enseñan a interpretar los hechos de la vida de una manera tan real y distinta a una película de Hollywood, que sólo vende el alma de “Gringolandia” para hacernos perder la poca identidad que nos queda.
Tal vez esperaban que hiciera una desmembración de alguna película o, tal vez, que dijera algo nuevo, pero -como dice Fernando Trueba, cineasta español que ganó un Oscar con la película Belle Epoque- un película no sólo es mostrar imágenes con buenos encuadres, con buenas actuaciones y efectos que nos impresionen en toda la película y salgamos diciendo de las salas: “Puta que paja las escenas de pelea”. Siempre hay que saber ir al cine y saber qué vamos a ver. No hagamos como los Norteamericanos, que cuando salió James Dean en “Rebelde sin causa”, querían ser James Dean, usar pantalones jeans y camiseta blanca. Claro que no estamos en esas épocas, pero el cine -así no queramos- nos altera internamente y puede controlarnos gracias a la gran información que nos transmite, tan grande que muchas veces es más fuerte que nosotros.
Ahora que he visto más películas de Almodóvar puedo decir que lo conozco mejor, que sé cómo piensa en ciertos aspectos y puedo afirmar que su cine siempre tiene un mensaje extra, transmisor de apreciación artística y alguna que otra ciencia como la Sociología o Antropología, todo a través de imágenes de la vida cotidiana que, sin darnos cuenta, asimilamos en el inconsciente cada vez que nos entregamos a la pantalla mágica.

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