El intento de Rimbaud
Autor: Luis Eduardo Reyme
Quizá si las bases del concurso no hubieran llegado a mis manos no estaría tan nervioso por la historia que acabo de dejar, pero qué podía hacer si Egeo fue a buscarme a la cafetería de la universidad y me puso las bases del concurso en la cara. He de confesar que luego de verlas no pude dejar de sentir en el fondo cierta emoción de tan sólo pensar que mi historia podía quedar entre las finalistas, y que mi nombre podía dejar de ser algo más que Rimbaud.
―¿Viste quién es el jurado ya?―preguntó Egeo con complicidad.
*
―La historia que envié se llama “TKG”. Es una historia donde la diégesis está centrada en el discurso de dos tipos punk, esta ficción tiene intertextualidad inmediata con el libro del argentino que escribía sus cuentos pensando en cine, me refiero a Puig como bien sabes, ¿el libro? “El beso de la mujer araña” allí, el personaje de nombre Molina establece una relación particular con Valentín, patrón cuya conducta dista de…
―¿Dos punks maricones?― intervino Egeo con extrañeza―. Ya pues Rimbaud eso no es verosímil, yo he leído el libro y sé a lo que te refieres, no puedo creer que hayas repetido una trama para un concurso en donde precisamente tu técnica no será la premiada sino tu ingenio, cosa que como bien sabes no es consecuente una de la otra, ¿cierto? Porque tienes eso bastante claro ¿no? o es que acaso…
―Espera, no he acabado de contarte la historia.
―Pero es fácil de inferir, los dos tipos están situados en un espacio común, a uno de ellos le habrás puesto un nombre tan “rudo” como Káiser, y al otro le habrás dado un nombre que oscile entre lo “rudo” y lo amanerado como…. como…. ¡Silver!
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La pregunta me tomó por sorpresa:
―No―respondí, y continué leyendo el punto nº 3 de las bases que me resultaba extraño.
―Pues el jurado es si no me equivoco... Egeo extrajo de entre sus papeles una libreta negra al parecer elaborada por él mismo Mirko, Mario y la mamacita de Rocío Silva.
―¡¿Rocío?!―alcé el rostro y pregunté excitado. La había visto muchas veces por los pasillos de San Marcos y como es de esperar muchas veces fracasé en el intento de acercármela para conversar, en fin ¿qué puedo hacer yo para poder detenerte?...
―Sí Rimbaud, ya me creí eso que no has visto quien es el jurado― Egeo pronunció aquellas palabras con sorna; aunque le hubiera repetido miles de veces lo
contrario, no me hubiera creído. Sentado en las sillas de la cafetería, nos miramos por un instante. El inmenso salón estaba empezando a atiborrarse de estudiantes famélicos, entonces Egeo preguntó:
―¿De qué trata tu historia Rimbaud? Vamos ¡cuenta!
―La historia se llama…
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“Un escritor no tiene estilo personal, escribe en todos los estilos y trabaja todos los registros y tonos de la lengua” Manuel Puig. Al parecer esa frase era una frase que Egeo no la tenía tan presente que digamos, (Casi siempre se empieza a comprender a los creadores cuando estos han alcanzado cierto nombre o mención, antes de ello, estas mismas personas son simples, trilladas y aburridas, es cuando alcanzan un logro que pasan al otro bando y se convierten en ingeniosas, magníficas e interesantísimas) Reflexión personal.
Egeo, literalmente destrozó mi cuento. Dijo que era tan malo que ni siquiera podía compararse a la historia de Puig. La mía afirmó, era sólo una historia de maricones anarquistas, situados no en una cárcel Bonaerense sino en los pasillos de algún Bar del Centro de Lima que él infirió muy bien por las descripciones que mi narrador omnisciente volcó sobre el papel. ¿Eso era un logro dentro del cuento o, como decimos los jóvenes escritores, una ¡súper quemada!? Entonces me entró la curiosidad, cómo Egeo conocía el Bar de mi cuento, a lo mejor conocía el lugar porque había ido alguna vez o porque algún amigo le había hablado acerca del mismo, pero de todos modos cómo podía tildar mi historia de inverosímil, acaso aquellos personajes vestidos de negro con argollas suspendidas en orejas y narices ¿eran una muestra de una época sexualmente particular? Para Egeo ―por lo dicho―, las opciones sexuales se restringían como en el caso de los muñecos a una marca grabada en nuestra espalda. Entonces, siguiendo su lógica, los Punk tenían en la espalda un Made in the World man o un Made in the World Girl. Nada más.
*
Mientras caminaba por el Jirón de la Unión sabía que “TKG” no iba a ganar el concurso, así que descarté todas esas ideas que sólo aparecen cuando estás en carrera de algo, pero mientras avanzaba por tiendas luminosas y pollerías aromáticas una idea se instaló en mi cabeza, Egeo estaba allí, esta vez mi historia no sería una historia de 1000 palabras sino una historia relativamente larga en la cual podía explayar a mis personajes y cruzarlos por esas casualidades que en ficción son tan placenteras. Cuando estuve por cruzar Emancipación obtuve mi primer nudo a desenredar en la futura novela. Egeo dentro de la ficción sería un punk que se enamorará de Boris, un fanático de la música de Deep Purple. Un Molina y un Valentín.
Cuando llegué a la universidad Egeo me estaba esperando sentado en las bancas con unas hojas sobre la mesa.
― ¿Y, dejaste el cuento? ―dijo a modo de saludo.
La pregunta me dejó suspendido por unos segundos.
―No, los concursos no son para mí ―mentí―, además ¿en dónde has visto una idea de novela premiada?― Señalé a modo de broma.
―Bueno ―dijo Egeo― yo… te estaba esperando porque quería regalarte el cuento que envié al concurso. Tomé tu nombre, espero que no te molestes, se llama… “El intento de Rimbaud”. Trata acerca de…
En la combi, durante el trayecto a casa no me quedó otra más que pensar en la posible novela, las piernas de Rocío, en fin… te espero como espero al mediodía… 
Rimbaud dibujado por Verlaine

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